Una cultura tan religiosa como la egipcia desarrolló ya desde sus inicios una gran y variada literatura funeraria. Su finalidad más inmediata era plasmar, ya fuera en piedra o papiro, los ra-u o sortilegios necesarios para neutralizar los peligros que pudieran surgirle al muerto en la vida de ultratumba.Los primeros textos que recogieron estas fórmulas mágicas destinadas a facilitar la ascensión al cielo del difunto, fueron los denominados Textos de las Pirámides.
Recopilados por los sacerdotes de Heliópolis, se encontraron escritos sobre las paredes de la cámara funeraria del rey Unas, V dinastía.
Con estas inscripciones grabadas por siempre sobra la piedra se pretendía asegurar al difunto su paso al Más Allá, describen así su ascensión al cielo y su tránsito al estado de Osiris.
A partir de la VII dinastía se produjo una democratización de los destino de ultratumba. Las creencias funerarias tuvieron una clara repercusión en los nobles egipcios, quienes también deseaban acceder a la vida en el Más Allá.
Nacieron así los Textos de los Sarcófagos, conjunto de rituales, himnos, plegarias y fórmulas mágicas, derivados de los Textos de las Pirámides.
Al igual que los anteriores, estas inscripciones gravadas sobre los sarcófagos, estaban destinadas a proporcionar al difunto el favor de los dioses y su paso a la vida eterna y mejorada del Más Allá.
Este nuevo libro funerario vería la luz durante el Imperio Nuevo. En la XVIII dinastía todavía este conjunto de prácticas mágicas, plegarias, invocaciones y sortilegios se reproducía sin orden alguno.
No será hasta la Época saíta cuando se produzca la fijación final del orden de las fórmulas bajo el reinado de los faraones de la XXVI dinastía.
El Libro de los Muertos supuso la puerta de acceso a la vida de ultratumba para todos los egipcios sin distinción de estatus o sexo. Solían escribirse en papiros que se depositaban junto al difunto, e incluso a veces entre sus vendas.
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